Orden Mundial del Templo Renovado

O . M . T. R .

Historia

La historia de la Humanidad muestra unos períodos de civilización brillante que se alternan con períodos de regresión más o menos marcados. Si nos detenemos a mirar la sucesión de civilizaciones que marcaron el hemisferio Norte, nos percatamos de un desplazamiento constante del Este hacia el Oeste, dentro de una franja geográfica desde 28º hasta 52º de latitud Norte.

Cada etapa de de civilización marcó un progreso en el ámbito social y en la expansión geográfica. Todo parece acontecer de la siguiente manera cada vez: la nueva civilización en expansión vuelve hacia el este a sacar de los restos dejados por la antigua civilización las bases de sus conocimientos. Se los trae de vuelta a su capital y los adapta a su época. Luego se extiende hacia el Oeste para plantar las semillas de la próxima civilización. Llegado su apogeo, y su período de esplendor acabando, continúa todavía algún tiempo en su avance antes de regresar hasta que una nueva civilización nacida en el Oeste venga a despertarla.

La civilización más antigua es la civilización china (Nankin), luego hindú (Lahore), caldea (Babilonia), egipcia (Memphis), griega (Atenas), romana (Roma) y la de la Edad Media (Paris).

Ciertos historiadores se han preguntado si no se escondía detrás de cada uno de estos períodos civilizadores un grupo de hombres interviniendo para dar un nuevo empuje al progreso de la humanidad. No se equivocan. Cada civilización a florecido gracias a la sabiduría de un grupo de hombres agrupados en lo que se llama una Orden Iniciática.

Es un hecho extraño ver como hacia el año 1100 la sociedad occidental se ha reorganizado a una velocidad sorprendente. Los responsables de este renacer fueron los Templarios, de los cuales el gran público sólo conoce los aspectos exteriores: gente de armas – la inseguridad permanente les obligaba a defenderse físicamente. Los Templarios eran en realidad una Orden Iniciática cuyo primer acto impactante fue el restablecer la libre circulación del dinero, de los bienes y las personas, tanto en Occidente como en el camino de Tierra Santa. Los Templarios eran ante todo unos intelectuales de una gran sabiduría. Trajeron a Occidente unos conocimientos en todos los campos, tanto en agricultura como en medicina, en matemáticas, en astronomía, en arte…

El conocimiento de los templarios, que descansaba sobre una realidad concreta, analizada por la razón, les permitió no sólo volver a encontrar todas estas ciencias, adaptarlas en sus aplicaciones a su época, pero incluso concebir con certeza de las nociones perteneciente al dominio de lo calculable, para las cuales no se puede ni experimentar ni siquiera observar. Pudieron calcular el fin del período de civilización en la cual habían ampliamente participado, y hacer así los preparativos, para que, cuando llegase el momento y el Determinismo Universal lo permitiese, la Humanidad pueda orientarse de nuevo hacia lo Verdadero, lo Bello y el Bien.

Estos hombres habían restablecido el Saber Iniciático: el súmmum del Conocimiento que pueda alcanzar el hombre. Su orden iniciática en la Edad Media había tomado el nombre de Orden del Templo.

Como toda orden iniciática, la Orden del Templo a transmitido su sabiduría de forma hermética, de manera que los que tuvieran que proceder a la apertura del “nuevo período” tengan todos los elementos necesarios. El documento establecido a tal efecto es el texto Les Vrayes Centuries et Prophéties de Maître Nostradamus (Las Verdaderas Profecías del Maestro Nostradamus), firmado por Nostradamus, en la edición de 1668. Nostradamus significa “damos lo que tenemos”, pero también “nuestro Cálculo”. Este texto es en realidad el Testamento de los Templarios. Este Testamento está encriptado para una persona cuyo nacimiento determinado había sido calculado seis siglos antes. Esta persona era Pierre Vincenti Piobb.

Este Testamento anunciaba la reapertura del período iniciático en 1932.

Gracias a las indicaciones del Testamento, P.V. Piobb a practicado las ceremonias necesarias a este reapertura.

El Testamento preveía igualmente, gracias al cálculo de Determinismo Sideral, que la nueva organización nacería en Francia, bajo su forma provisional. Ésta se desarrollaría bajo su forma definitiva al Oeste, en América del Norte, y debería tomar el nombre de la Orden Mundial del Templo Renovado. De allí tendría una proyección mundial.

Según el Gran Cálculo, su acción durará hasta 2427.

Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomini Tuo Da Gloriam.
A nosotros no, Señor, a nosotros no, pero al tu nombre da la gloria. 

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